Sin duda estamos ante una gran película en la que el papel de los personajes principales es encomiable, pero para la que, confieso, me he tenido que documentar acerca del “Watergate” y así poder comprender mejor a la figura de Nixon.
Dejando de lado la trama histórica que lleva a Nixon a enfrentarse con el aparentemente inofensivo David Frost, la película nos muestra perfectamente como la televisión provoca que nos creamos una imagen sobre los personajes que salen a través de su pantalla. Pero esta imagen suele tener trampa, como casi todo en televisión, ya que la imagen es fácilmente moldeable en la mayoría de los casos.
La reflexión sobre el poder de la televisión como medio de comunicación de masas por excelencia es constante a lo largo de la película y de cómo los personajes no se enfrentan a ella sin una preparación previa, sin un asesoramiento, por dos razones:
Nixon ya tenía la experiencia en el debate previo con Kennedy, en el que un simple detalle en su aspecto le costó las elecciones, según el mismo reconoce.
Frost, por el contrario, es un animal televisivo, conoce la televisión, sus trucos, por lo que cuando se convierte en periodista de investigación no le es difícil derrotar a Nixon y obligarle a que confiese.
Este hecho queda patente en el único y mejor plano en el que resumen los encuentros entre el ex presidente y el periodista británico. El primer plano de Nixon tras su derrota. Y es que el primer plano no da lugar a equivoco, no es moldeable, es el que refleja en este caso, la victoria o la derrota, la gloria o el abatimiento.
La importancia de la entrevista para el mundo del periodismo y la comunicación es enorme, ya que nos enseña que la manera de cómo construir la imagen es tan vital como el discurso que se exponga. La imagen que los mass media y en especial la televisión presentan sobre los personajes públicos resulta decisiva muchas veces y son los mismos medios los que terminan influenciando al público para que se generen una opinión.
El acontecimiento mediático que supusieron estas entrevistas cambió la historia ya que lo que se ponía en juego era la imagen de uno de los ex presidentes más polémicos de Estados Unidos así como la “verdad” de uno de los mayores escándalos de la historia de EE.UU, siendo el mismo consciente de que la entrevista lo podía salvar o hundir.
Como dato, según el guionista James Reston, Las entrevistas Frost/Nixon “siguen siendo el programa político más visto en la historia de la televisión”, con más de 45 millones de telespectadores.
